«Antes de existir el mobiliario contract, tuvo que existir un problema que resolver.»

Una palabra inglesa con una historia mucho más larga de lo que parece

Hoy resulta normal escuchar expresiones como mobiliario contract, proyecto contract o canal contract. Forman parte del lenguaje habitual de arquitectos, interioristas, cadenas hoteleras y distribuidores de mobiliario.

Sin embargo, pocas personas se preguntan de dónde viene realmente esa palabra.

Y lo cierto es que su origen explica mucho mejor el sector que cualquier definición técnica.

Cuando hablamos de contract no estamos hablando de un estilo decorativo.

No hablamos de una tendencia.

Ni siquiera hablamos de un tipo de mueble.

Hablamos de una forma distinta de entender los espacios.

Un espacio deja de pertenecer a una familia y empieza a pertenecer a cientos de personas diferentes.

Ese pequeño cambio lo transformó todo.

Cuando los muebles dejaron de ser privados

Durante siglos, la mayor parte del mobiliario tenía un único destino.

La vivienda.

Los muebles acompañaban a una familia durante generaciones.

Una mesa pasaba de padres a hijos.

Una silla podía permanecer cuarenta años en el mismo comedor.

Las reparaciones eran habituales.

Incluso era frecuente que el carpintero del pueblo conociera perfectamente quién había fabricado cada mueble.

Aquellos muebles tenían una misión muy sencilla.

Servir a una familia.

Nada más.

Nadie imaginaba todavía que un mismo asiento pudiera ser utilizado por miles de personas cada año.

La Revolución Industrial cambió mucho más que las fábricas

Cuando pensamos en la Revolución Industrial solemos imaginar locomotoras, chimeneas y grandes fábricas.

Pero sus consecuencias llegaron hasta lugares mucho más cotidianos.

Las ciudades crecieron.

La población empezó a concentrarse en núcleos urbanos.

Los viajes aumentaron.

Los hoteles comenzaron a multiplicarse.

Los cafés se convirtieron en centros de reunión.

Los restaurantes dejaron de ser espacios reservados para una minoría y empezaron a formar parte de la vida cotidiana.

Por primera vez aparecía un tipo de edificio completamente nuevo.

Edificios donde el mobiliario no descansaba.

Trabajaba.

Y trabajaba todos los días.

El nacimiento del cliente anónimo

En una vivienda conocemos perfectamente quién utiliza cada silla.

En un restaurante ocurre exactamente lo contrario.

Cada cliente es diferente.

Cada uno se sienta de una manera.

Cada uno permanece un tiempo distinto.

Cada uno trata el mobiliario de forma diferente.

Aquello obligó a los fabricantes a hacerse una pregunta completamente nueva.

¿Cómo fabricar un mueble capaz de soportar a miles de personas distintas?

Esa pregunta sigue siendo la esencia del contract más de un siglo después.

Michael Thonet cambió la historia sin proponérselo

Si hubiera que elegir una fecha simbólica para explicar el nacimiento del mobiliario contract moderno, probablemente sería 1859.

Ese año comenzó a fabricarse una silla que terminaría convirtiéndose en una de las piezas más importantes de la historia del diseño industrial.

La Silla nº14 de Michael Thonet.

A primera vista no parecía revolucionaria.

Era sencilla.

Ligera.

Elegante.

Pero escondía una innovación extraordinaria.

Podía fabricarse en serie con una calidad constante.

Podía desmontarse para transportar un gran número de unidades ocupando muy poco espacio.

Y, sobre todo, resistía un uso intensivo mucho mejor que muchas de sus contemporáneas.

Miles de cafeterías de Viena, París, Berlín o Madrid comenzaron a utilizarla.

Sin saberlo, estaban sentando las bases del mobiliario contract moderno.

Todavía hoy, más de siglo y medio después, sigue fabricándose.

Eso dice mucho más sobre su diseño que cualquier premio.

Cuando los hoteles empezaron a parecer ciudades

A medida que avanzaba el siglo XX apareció otro fenómeno decisivo.

El turismo.

Los hoteles crecieron.

Las estaciones ferroviarias.

Los aeropuertos.

Los hospitales.

Las universidades.

Los centros de convenciones.

Los grandes edificios públicos.

Todos compartían exactamente el mismo problema.

Necesitaban cientos de muebles iguales.

No cincuenta.

No cien.

A veces miles.

Y necesitaban recibirlos al mismo tiempo.

Con garantías.

Con repuestos.

Con mantenimiento.

Con continuidad.

Aquello ya no podía resolverse mediante un carpintero local.

Había nacido una nueva industria.

Ya no bastaba con fabricar buenos muebles

Hasta ese momento el éxito de un fabricante dependía principalmente de la calidad de sus productos.

Con el desarrollo del contract aparecieron nuevos factores.

La logística.

El almacenamiento.

La capacidad de producción.

La reposición.

La coordinación de proyectos.

El servicio posventa.

De repente, vender una silla dejó de ser suficiente.

Ahora había que garantizar que dentro de cinco años el cliente pudiera comprar otras veinte exactamente iguales.

Y si eso no era posible, ofrecer una solución coherente.

Ese cambio sigue siendo una de las mayores diferencias entre el canal contract y el mercado doméstico.

España encontró su lugar

España vivió una transformación especialmente interesante.

Durante la segunda mitad del siglo XX el crecimiento del turismo convirtió al país en uno de los mayores laboratorios del mobiliario contract europeo.

Cada nuevo hotel necesitaba habitaciones.

Cada hotel necesitaba restaurantes.

Cada restaurante necesitaba terrazas.

Cada terraza necesitaba mobiliario preparado para el clima mediterráneo.

Las cadenas hoteleras comenzaron a exigir soluciones profesionales.

Los arquitectos reclamaban productos mejor diseñados.

Los interioristas buscaban fabricantes capaces de ofrecer personalidad sin renunciar a la resistencia.

En ese contexto nacieron o crecieron muchas de las empresas que hoy forman parte del panorama del mobiliario español.

Algunas apostaron por el diseño internacional.

Otras por la fabricación industrial.

Otras por la innovación en materiales.

Y otras encontraron su espacio ofreciendo un catálogo muy amplio para hostelería e interiorismo, capaz de resolver proyectos completos con rapidez.

Cada una respondió a una necesidad distinta del mercado.

Y todas contribuyeron a consolidar el prestigio del mobiliario español en el ámbito internacional.

Del producto al proyecto

Quizá el cambio más importante no fue técnico.

Fue cultural.

Hace cincuenta años muchas empresas vendían muebles.

Hoy las mejores empresas desarrollan proyectos.

La diferencia parece pequeña.

Pero cambia completamente la relación con el cliente.

Ya no basta con enseñar un catálogo.

Hay que comprender el negocio.

Escuchar.

Hacer preguntas.

Proponer alternativas.

Coordinar entregas.

Resolver imprevistos.

Pensar en futuras ampliaciones.

Un buen proveedor contract termina conociendo casi tan bien el proyecto como el propio cliente.

Y eso genera relaciones que duran muchos años.

Lo que este capítulo intenta demostrar

La palabra contract no nació para sonar moderna.

Nació porque apareció una nueva forma de utilizar los espacios.

Cuando un mismo mueble deja de pertenecer a una familia y pasa a formar parte de la experiencia de miles de personas, cambian las reglas.

Cambian los materiales.

Cambia el diseño.

Cambia la fabricación.

Cambia la logística.

Y cambia también la manera de entender la relación entre proveedor y cliente.

Comprender ese origen ayuda a entender por qué hoy el mobiliario contract es mucho más que una colección de mesas y sillas.

Es una disciplina que combina diseño, industria, logística, arquitectura, interiorismo y estrategia empresarial.

 

Hay una frase que resume muy bien.

El mobiliario contract no nació para hacer los espacios más bonitos. Nació para hacerlos funcionar mejor.

Esa idea, sencilla pero profunda, será el hilo conductor del resto de esta guía.

Ahora, dejaremos de hablar de historia para entrar en la parte más práctica: los errores que siguen cometiendo muchos negocios al elegir su mobiliario y cómo evitarlos antes de que se conviertan en un problema.

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